¿No estáis cansados de que los restaurantes “de moda” sean todos iguales? Todos decorados igual y con una carta prácticamente idéntica…¡¡¡Estamos de suerte 😉 !!! En la idílica Plaza de la Paja se encuentra Naia, un coqueto bistro con un toque afrancesado que no te dejará indiferente, perfecto para darse un homenaje.
Cuenta con una carta no muy extensa, pero repleta de delicias con una relación calidad precio excelente, gracias a los conocimientos gastronómicos de los dueños de este idílico oasis en el centro de Madrid, Arantxa Costafreda y Damian Forshaw, y a la gran experiencia del chef Eduardo García.
Ya desde el exterior destaca este bistro, con una fachada elegante y dos grandes cristaleras que nos dejan adivinar el interior. Al entrar encontramos un ambiente tranquilo, decorado con muy buen gusto y de forma homogénea, a diferencia de los restaurantes de ahora. En 2014, el estudio de interiorismo Objetos Perdidos llevaron a cabo la reforma del local y le hicieron un bonito lavado de cara.

Maravilloso trabajo el realizado por las gemelas MªJose y Cristina, las dueñas del estudio Objetos Perdidos
Nos sentamos y mientras el chef nos explicaba el menú que nos habían preparado y esperábamos las bebidas, trajeron el aperitivo: un vasito con salmón y bacalao ahumados con guacamole y brotes tiernos, un bocadito muy sabroso y fresco para ir haciendo hambre.
Se abrió la veda…empezamos con una ensalada de sardinas ahumadas con higos frescos y kumquats (también conocidos como naranjas enanas o naranjas chinas) aderezada con un escabeche de verduras que quitaba el hipo. Al principio pensábamos que la sardina iba a ser un pescado demasiado duro, pero la verdad es que el higo le iba perfecto para rebajar la intensidad de su sabor. Los kumquats le daban un toque cítrico interesante, pero el aderezo era un verdadero espectáculo. Imprescindible.
Después seguimos con unas alcachofas con cigala, ajos tiernos y panceta, acompañados con lascas y alguna punta de trigueros. La combinación era muy buena. La cigala, aunque escasita, estaba deliciosa, marcada a la plancha. Las alcachofas eran hervidas y no fritas, creo que ese fue el punto negativo del plato.
Continuamos con, de largo, lo mejor de la noche: raviolis dulzones de calabaza con un toque de nuez moscada y canela, con mantequilla de salvia, parmesano y piñones por encima. El relleno era generoso y MUY sabroso, un bocado sublime, muy diferente a lo que hay por ahí. Ir a Naia y no probarlos debería estar tipificado como delito en el Código Penal :).

Raviolis dulzones de calabaza con un toque de nuez moscada y canela, con mantequilla de salvia, parmesano y piñones
Cuando ya empezábamos a estar llenos, nos trajeron el salmón a la llama con ensalada de quinoa, al que acompañaban unas pequeñas roquitas de queso-yogur hechas con nitrógeno, que le dan una textura interesante al plato. He de reconocer que yo no soy muy fan del “alpiste”, pero la quinoa y las rocas complementaban muy bien al salmón, que estaba en su punto. Muy bueno.
Como somos bastante carnívoros, más que el salmón, recomendaría lo que vino a continuación: presa ibérica con parmentier de mostaza, sal negra y unos chips orientales. Dos generosos trozos de carne perfectamente marcados por fuera y rojitos por dentro, como tiene que estar la carne, y muy tiernos. No puede decirse que sea un plato innovador, pero realmente estaba bien elaborado y la carne era de primera. Puede que sea el plato de carne más interesante de la carta.
Ya no podíamos comer más…o eso pensábamos, porque creo que tenemos un estómago especial para los dulces y siempre hay un hueco para ellos ;). De postre nos trajeron un cremoso brownie de chocolate con un helado de violeta, que nos transportó directamente a la infancia. Sabía exactamente igual que los míticos caramelos de violeta. Fue la guinda del pastel.
Mi recomendación: por lo bonito del sitio, la localización (en el corazón de la Latina, perfecto para tomarse una copa después) y la carta…Naia es el sitio perfecto para una cita, éxito seguro. Y por favor, no dejar de probar los raviolis. Cenar sale por 25 euros/persona con vino.
El corresponsal de Foodstorming devuelve la conexión: «Felix, el gato que se pone las botas«.
Naia Bistro
Plaza de la Paja 3, Madrid
91 366 27 83